Tejiendo identidades
- ismavielha
- 13 ene 2024
- 3 min de lectura
La companya d’Àgora, Mihaela, ens escriu un fantàstic primer post de l’any ple de sentit, en primera persona.
Han pasado 18 años desde que puse pie y me convertí en parte de estas tierras comoinmigrante de origen rumano. Siempre lo menciono con un toque de gracia, aunque algúnsentimiento de nostalgia recorre mi piel, acompañado del pensamiento sobre qué hubierasido de mí si no hubiera dejado mi país. Fui impulsada y arrastrada por las ansias y ladeterminación de mis padres por brindarnos un futuro brillante.Regresando a lo que siempre digo, es que ahora soy mayor de edad en estas tierras. Estoylejos de mis orígenes, de donde arraigué mis raíces. Esta distancia me ha marcadoprofundamente.Con la mirada desde la distancia y con la perspectiva de alguien que quizás sea adulto,puedo afirmar que he sido tratada bien, que me han tratado bien y que poco a poco mefusioné con el país, su gente, su cultura, su idioma, sus costumbres y con todo aquelloque nos moldea como individuos. Soy yo y mi entorno.Ahora, como profesional con cierta experiencia, me entristece ver que no todos losinmigrantes tienen la misma suerte. En la actualidad, la mayoría carece de los recursosbásicos que facilitaron mi integración, la cual experimenté y viví.En una de mis experiencias, al finalizar mi formación como trabajadora social, me viconfrontada con lo que creo que la mayoría de profesionales, al menos los buenos y losque tienen vocación, deberían enfrentar: pasar de la teoría de las aulas a la práctica. Estome llevó, por primera vez en mi carrera profesional, a detenerme, replantearme y recordarmis valores, mi ética y mis límites como profesional en este entorno. ¿Hasta dónde estoydispuesta a permitir las injusticias perpetradas por el sistema? ¿Soy consciente y estoydispuesta a afrontar las posibles consecuencias para mi carrera profesional si me niego aseguir las directrices del sistema? Podría optar por adaptarme, obedecer y ejecutar, comohacen muchos profesionales (algo que me parece triste), pero entonces… (pienso). Este esmi primer y gran dilema. Desde luego, tengo claro que debo hacer lo que me haga sentirbien y no olvidar la parte humana que impulsa mi profesión, esa intuición vocacional quehace saltar las alarmas ante determinadas situaciones.No contenta con mi primer dilema, y no menos importante, me enfrento a aquellosprofesionales que, supongo, desde la buena fe y con las mejores intenciones, compartenconmigo el hecho de que acabaré quemada y cansada de la profesión, que me hartaré dever injusticias, que me sentiré indignada y frustrada, entre otras ‘cosas buenas’. Dicen quellega un día en el que te resignas y simplemente te adaptas, obedeces las leyes y normasdel sistema, por muy injustas que te parezcan, y sigues dando lo mejor de ti… eso es loque en trabajo social llaman claudicar. ¿Pero acaso dar lo mejor de mí es claudicar?Esa dualidad, ser testigo de las dificultades que enfrentan los inmigrantes y, al mismotiempo, experimentar esa realidad en mi propia piel, me ha llevado a un laberinto depreguntas éticas y morales. ¿Hasta dónde debo llegar en la defensa de los valoresinculcados desde mi crianza? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre la vocación de ayudary los límites del sistema?La imagen de mi propia historia me impulsó a ser más que una profesional. Me enseñó aser una voz, a ser el puente que conecta dos realidades, a ser la defensora de aquellos queluchan por un lugar donde encajar en un mundo que parece resistirse a recibirlos.Cada día se presenta como una oportunidad para desafiar lo establecido, para ser la vozque se alza por aquellos cuyos susurros se pierden en el bullicio cotidiano.Quizás mi mayor aprendizaje ha sido y sigue siendo comprender que mi historia personal,mi camino como inmigrante y mi labor como profesional se entrelazan en una narrativaúnica. Y en esa narrativa, busco dejar una huella que no se borre fácilmente, una huellaque inspire a otros a encontrar su propia voz en un mundo que necesita, más que nunca,escuchar y acoger las diversas historias que lo componen.




Comentarios